miércoles, 24 de febrero de 2016

Dedos cansados

Acá en la montaña, cuando sale el sol después de la lluvia, el verde es más verde, el rojo brilla y el amarillo parece luz pura. Y los hongos, siempre me ha extasiado la presencia de los hongos; son firmes, elegantes, como hombres antiguos con sombrero, de esos que salían de la ópera. Las aves parecen más contentas después de un baño. ¿Alguno de ustedes ha visto a las aves bañarse bajo un chorrito de agua? Es, por decirlo simple, como una canción bonita. No voy a abundar en la belleza de las flores después de un chapuzón, sería caminar por el tentador avismo de los lugares comunes, de todos modos, el punto es otro: hay una sombra que parece destinada a oscurecerlo todo, viene como una onda expansiva imparable, demoledora... En los últimos años, una especie extraña de turistas llegan por mis parajes montañeros: “sedientos de naturaleza”, así dicen, “hartos del estrés de la gran ciudad”, aseguran, con tal convicción, que no es difícil creerles, y apenas han puesto los pies sobre el suelo poblado de hojas muertas, parecen sentirse incómodos, si un grillo despistado se les ha pegado en la ropa, contienen la respiración hasta que algún valiente los libere o el bicho, por sí mismo, decida saltar hacia otros rumbos. Entonces empiezan a otear el horizonte. Al principio yo pensaba que estarían disfrutando del verdor de la montaña, quizá reencontrándose con imágenes añoradas, pero no, si miran a su alrededor es porque están buscando el mejor lugar para la foto. Yo, amante de la fotografía como soy, entiendo la necesidad de atrapar con la cámara los momentos efímeros, sin embargo, este asunto va por otro lado. Después de tomar las fotos del paisaje siguen las selfies, luego las fotos de la comida, luego viene la etapa de edición, si alguna foto salió oscura o los sujetos en cuestión no han salido lo suficientemente presentables, no dudan en repetir las tomas, ya que tienen que difundir las imágenes por cada una de las redes sociales que manejan. Esos seres “que buscan desconectarse de el vértigo urbano”, que han tenido que conducir decenas o cientos de kilómetros para llegar, pasan más tiempo con sus ojos y cerebro más pendientes del celular, que de sus propias familias o de la exuberante naturaleza que los rodea. Estoy segura de que llegarán a sus casas con los dedos cansados, pero pensarán que ha valido la pena cuando vean la cantidad de likes que han conseguido. Terminarán la jornada frente al computador, leyendo las frases hechas que hablan de como ser buenos padres, o las estadísticas del consumo de drogas en adolescentes, o las reflexiones sobre el amor a la naturaleza y hasta se tomarán su tiempo para escribir comentarios sabihondos; mientras los hijos, en su cuarto, frente a otra pantalla pregonarán su soledad y necesidad de afecto ante un montón de extraños. Los unos y los otros se desconectarán para dormir y sentirán una especie de vacío inexplicable. Pero no es grave, en tanto tengan la seguridad de que podrán conectarse al día siguiente, dormirán tranquilos.

sábado, 13 de febrero de 2016

Instrumental

Tengo un amigo de esos a quien fácilmente podría amar con locura: escritor y lector empedernido, frágil como un huevo de colibrí, pelilargo, inteligente y amante de la música. No lo he tocado, quizá jamás lo haré, ni siquiera un beso en la mejilla o un roce de manos, y aun así, siento que nos hemos desnudado mil veces. Desnudos de piel nos hemos enroscado en los parajes bucólicos de su natal Riobamba. Cuando él me habla, me llueve, me refresca; cuando me envía música, me acaricia; y cuando me envía libros, me ama. Esta vez fue Instrumental. Resultó para mí un inicio de año apabullante. La lectura de este libro autobiográfico del pianista inglés James Rhodes me ha mantenido como caminando sobre una cuerda floja a mil metros de altura. Cada noche de las últimas dos semanas he cerrado el libro sintiéndome rescatada por la realidad, mi apacible realidad. Instrumental es una historia dura, con violación, drogas, intentos de suicidio, amasada con grandes dosis de música, buena música clásica. No es la tragedia humana la que hace de esta, una obra memorable, los periódicos están llenos de esa basura y no deja de ser basura por muy buena redacción que se gasten. Es la brillante narrativa del autor la que nos mueve el piso. No intenta poses de escritor, solo se deja ver tal y como es, con su miedo, con su desesperación y sus pocas ganas de vivir. A través de sus páginas Rhodes hunde delgadas cuchillas en la piel de sus lectores y nos deja sangrar levemente para luego lavarnos y curarnos con música de Bach, de Schumann de Beethoven… Desde luego, me quedan cicatrices, de eso se trata. Es así como se debe escribir, sin poses, vomitando lo que nos asfixia, lo que nos emociona, lo que no podemos decir con la voz. Rhodes me ha dejado esa sensación, hay que escribir hoy como si se fuera a morir mañana.

domingo, 8 de enero de 2012

El coco


“Soy un hueso duro de roer” le advertí cuando apenas cruzaban los primeros coqueteos. Es que siempre me he sentido como un coco, sí, un coco; no solo por el look despelucado, claro, sino, especialmente, por la dureza de la cáscara, que cubre la suave y blanca textura comestible, que a su vez contiene líquido fresco. La blancura en mí, estaría representada por la incondicionalidad con la que me entrego una vez que alguien merece mi confianza; el líquido fresco: por el buen humor, el sentido aventurero y la empatía que me fluye con bastantes prójmos. En otras palabras, no soy fácil de morder sin primero gastar una buena dosis de ingenio para romperme la coraza. Aunque lo parezca, no es una pose; tajante por naturaleza, escéptica por decisión, práctica por sobre todas las cosas; no me permito perder el tiempo ni el control; ahí radica mi blindaje. Para mí la vida es una canción continua pero no repetitiva. Pueden cambiar el escenario, los personajes, el argumento, pero la función siempre tiene que seguir. “Yo te voy a roer hasta los huesos” me respondió.

Me royó como taladro con broca fina, pequeños agujeros por toda el alma (si queremos llamarle alma a esa conciencia interna que actúa fuera de los parámetros de la razón), hasta dejarme como esponja que chorrea y desparrama emociones por los poros. No me quejo, ser esponja, es un estado disfrutable para alguien que siempre ha sido coco, pero, ¿qué va a pasar conmigo de hoy en adelante?, ¿cómo enfrentar la función continua con esta nueva textura? Una esponja y un coco no resuelven los problemas de la misma manera. Por ejemplo ahora, cuando ya estaba lista para empacar una pequeña maleta con efectos personales y mudarme emocionalmente junto al roedor de huesos, sucede que aquel decidió repentinamente dejar de roer(me). ¿Motivos? ,los desconozco. Se me figura que quizá ya no encuentra en mí superficie apta para horadar y prefiere buscar huesos nuevos. Quién sabe. Lo cierto es que, como todo me resulta confuso al momento, lo único que se me ocurre es buscar resina natural de cocotero para iniciar la paciente labor de tapar uno por uno los agujeros provocados, tenderme al sol y ver que pasa.

Bernarda Gui
bernardagui@gmail.com
08/01/12

viernes, 6 de enero de 2012

Sarna sin gato

http://lasarnayelgato.blogspot.com/

Placebo

“Empezar de cero”, otro cliché como tantos. Una muleta sicológica para los que no quieren darse cuenta que la vida es y será siempre una suma. Empezar dos veces es una opción imposible. El ave fénix no existe. Hay un solo principio y un solo final aunque nos cueste aceptarlo. Morir los domingos en la tarde para resucitar los lunes no es más que el placebo consumido por seres en estado de agonía.

Somos el producto de la acumulación de experiencias, no hay reversa. ¿Por qué el drama? Es válido recapitular, arrepentirse, rectificar, o no hacerlo. Es más honesto que arrancar la hoja cada vez que escapa un error, más real que fingir amnesia.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Mi rojilla de cada mes


Mi camarada

La llamo mi camarada porque se las da de rojilla radical, pero no es izquierdosa ni mucho menos, yo diría más bien que es de centro. Pesada, molesta y corta notas, la vengo tolerando desde los trece, creo. Al principio se atrasaba todo el tiempo y yo, traviesa como era me la pasaba cruzando los dedos para que llegara; afortunadamente con los años se ha vuelto puntual y yo mas precavida. Con ella cada mes es un borra y va de nuevo. Si estoy susceptible es porque la espero de un momento a otro, si estoy irritable es porque llegó, y si estoy feliz como castañuelas, es porque se fue. Mi camarada es rutinaria y predecible casi como yo misma. La experiencia me enseñado que las decisiones importantes no debo tomarlas en su presencia, lo más probable es que me equivoque. Si hoy escucho Luis Armstrong y mañana Juan Luis Guerra, seguro ella tiene que ver. Si alguien me cae mal repentinamente, es ella que mete cizaña. Si tengo un nudo en la garganta, si me veo gorda, si todos son unos ineptos, si me ha salido un barro en la nariz…es la susodicha.

Como mi inseparable que es los amigos íntimos naturalmente la llegan a conocer, y a veces no de la mejor manera, de hecho, hay algunitos entre desprevenidos e inexpertos, que han tirado la toalla, pero hay otros más cancheros, que no se dejan intimidar, de esos que la tratan como a vieja amiga, y hasta le ponen sobrenombres; unos mas curiosos que otros: la suegra, la visita, la bandera roja, la hermana fea, en fin. Hubo uno muy simpático que la llamaba Noches del Oscar, porque esas noches, seguro, las dedicábamos al cine.

Según las circunstancias puede llegar cargada y temperamental como este último mes, que me puso como un campo minado, lista para estallar, hasta con el roce de un pétalo y como era previsible cayó la primera víctima: un pobre inocente que ha salido por los aires volando en pedacitos. De hecho ahora mismo estoy juntando las partes a ver si logro dejarlo como antes.

Así es mi camarada, la conozco bien; después de la tempestad vendrá la calma, se marchará dejándome a punto de caramelo: flexible y pegajosa, y, aunque sea por poco tiempo todos mis sentidos alcanzaran el nirvana. En esos días la magia existirá, la música sonará mejor que nunca, cualquier hijo de vecino se pondrá más bueno que George Clooney, todo lo que pruebe me sabrá a gloria, y estaré, como en el otro caso, lista para estallar hasta con el roce de un pétalo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Aniversario



Después de cumplir años. Aventura sin nombre
dejaré de ser niña, volveré a ser un monje;
me borraré del mundo y procederé según
las severas condiciones de un claustro común.

Tornará por unos meses la vida diferente,
a mi espalda el flagelo marcará eventualmente,
beberé del dolor con métodos añejos
cilicios, penitencias, mis compañeros viejos.
Cumpliré con mis plegarias antes de la aurora
y todos los mandatos de la inquisidora.

¡Oh aroma gozoso, el licor de la viña
cuanto extrañaré mis deleites de niña.
Las ansias de la piel sufrirán temporalmente.
Abstinencia forzosa será cosa corriente!

Me embarga la certeza, tortuoso es el camino
quitarme los placeres, por sobre todo el vino!
a cambio de labores, labores que no pagan.
Sólo al pensarlo ahora; la dicha de me apaga.
Luciré en mi retrato con larga cabellera
cejas, bigotes, barba modelados con tijeras.

No es gratuito el encierro, hay una razón buena
terminar mis escritos lo hará valer la pena
Incluso dejaré, un buen rato el Antebrazo
sin duda es algo duro, mas debo dar el paso,
y entonces volveré a esa vida bonita,
las tertulias, los amigos, como una señorita.